El sonido del silencio

Preguntó el discípulo al maestro , cuál es la esencia de la vida, lo infinito, lo profundo…

Te lo he estado explicando todo este tiempo, esto no se puede experimentar con palabras pero si con silencio.

Solo el silencio de tu mente puede volver a darte la quietud y la respuesta.
El silencio suena, pero suena poco, o suena despacio. A veces casi ni lo oímos, aunque suena, a lo lejos, entre el murmullo de nuestros propios sonidos, entre el pequeño sonido de nuestros propios murmullos.

Cuando eres capaz de dar silencio al corazón, el silencio a la mente y el silencio a tu vida, descubres una esencia, una parte de ti a la que siempre vuelves.

Si pocas veces has experimentado esta personal experiencia, te invito a que la sientas aquí, en un lugar retirado de casi todo, excepto del mar, y de ti mismo. Si la sientes con frecuencia, vuelve a ella.

No es fácil llegar, la verdad es esa, pero la pena bien merece. Y, además, no es tanta pena, es solo andar y disfrutar del acercamiento, del engrandecimiento de nuestra posada. Porque en eso se convertirá, en una reposada posada, estancia de nuestros recuerdos de ayer y bocetos del mañana, y del hoy.

No tengas prisa en llegar, pero tampoco en marchar, solo en estar, en escuchar….
Eso sí, al despedirte del lugar, olvídalo, olvida el lugar, como olvidaste el tiempo que pasó, guarda el sonido del silencio , nada más.
Así es como encontré el silencio en mi.

María DCM